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18 septiembre 2011

Epoca de membrillos


Nunca se me hizo tan largo el verano,como cuando de niña el verano cundía tanto y tanto; es como si el otoño se resistiese este año a querer aproximarse,  por mí estupendo pero, hay que reconocer, mal que me pese, que una va teniendo ganas de cierta intimidad que el verano ruidoso y acelerado nos priva un poco. Me voy a permitir a llamar a esa intimidad " rutina invernal", es como si hubiéramos dejado en el pasado invierno cosas por hacer que ahora nos apetece retomar con renovada ilusión. Así es el transcurrir de los años, así es la vida, y no diréis que no es perfecta la sincronización.
Me apeteció mostraros este cuadro recién "sacado del horno" (si pudierais ahora tocarlo dejariais vuestra huella), como si de una foto o un libro se tratase, es una invitación a retomar de manera deliciosa momentos, instantáneas que nunca nos abandonarán, que nos esperan siempre, porque en definitiva  van  con nosotros, sea cual sea la estación del año.

Saludo al amigo Froilán, Balovega, y a todos los que brindáis con un chupito de vez en cuando.

La ostra y los litigantes

Un día encontraron dos peregrinos en la arena de la playa una ostra que acababan de traer las olas; devorábanla con los ojos, señaláronsela con el dedo; pero al tratar con los dientes, tuvieron que disputársela. Bajábase ya el uno para cogerla, cuando el otro le dio un empello, diciendo: “Vamos a ver a quién le corresponde. El primero que la haya visto, ese la engullirá; el otro, le mirará. – Si eso vale, contestó el camarada, yo tengo muy buena vista, gracias a Dios.- No es mala tampoco la mía, replicó el primero, y os digo que he divisado la ostra antes que vos.-Pues bien: si la habéis divisado, yo la he olido ”

Estaban es estos dimes y diretes, cuando llego Don picapleitos, y le tomaron por juez. Son picapleitos abrió gravemente la ostra y se la tragó, a las babas de los litigantes. Y después de haberla saboreado, dijo con tono de presidente de sala: “Tomad; el tribunal os adjudica a cada uno de vosotros una d las conchas; marchad en paz”

Considerad lo que cuestan hoy los litigios; calculad lo que les queda en limpio a las partes; veréis cómo Don picapleitos se queda con todo el grano y no deja a los litigantes más que la paja

Autor: Jean de La Fontaine

08 septiembre 2011

Tostadas Quemadas


Cuando era niño, ocasionalmente mi madre como cena nos daba café con
leche. Recuerdo especialmente una noche, cuando ella nos sirvió café con
leche, después de un día de trabajo muy duro. Esa noche, mi madre le puso un plato
con huevos revueltos, fiambre y tostadas bastantes quemadas frente a mi padre.
Recuerdo haber esperado un poco, para ver si papá notaba ese hecho.
Todo lo que mi padre hizo, fue tomar su tostada, sonreír a mi madre y
preguntarme como había sido mi día en la escuela.

No recuerdo lo que le respondí, pero recuerdo haberlo mirado, untando
la tostada con manteca y jalea y comiendo cada bocado.

Cuando me levanté de la mesa, aquella noche, escuché a mamá
disculpándose por haber quemado las tostadas. Nunca me olvidé de la respuesta de papá
"me encantó la tostada quemada".

Mas tarde, aquella noche, cuando le fui a dar un beso de buenas noches
a papá, le pregunté si realmente le había gustado aquella tostada.

El me tomó en sus brazos y me dijo:
Compañero, tu madre tuvo un día de trabajo muy pesado y estaba
realmente cansada... Además de eso, una tostada quemada no le hace mal
a nadie. La vida está llena de imperfección y las personas no son
perfectas. Tampoco soy el mejor marido, el mejor empleado o cocinero,
tal vez ni siquiera el mejor padre, aunque intente serlo todos los días.

He aprendido a través de los años, que saber aceptar las fallas
ajenas, es una de las llaves más importantes para crear relaciones
saludables y duraderos. Desde que tu madre y yo nos unimos, aprendimos
los dos a suplir uno las fallas del otro.

Yo se cocinar muy poco, pero aprendí a dejar la olla de aluminio
reluciente. Yo no se hacer una lasaña como ella lo hace, pero ella no sabe asar
una carne como yo lo hago. Yo nunca supe hacerte dormir, pero conmigo tu tomas
un baño rápido y sin reclamar.

La suma de nosotros crea el mundo que te recibió y te apoya, ella y yo
nos complementamos. Nuestra familia debe aprovechar este nuestro
universo mientras estemos los dos presentes. No es verdad que mas
tarde, el día que uno de los dos parta, este mundo se va a desmoronar,
de ninguna manera. Nuevamente tendremos que aprender a adaptarnos para
hacer lo mejor.

De hecho, podríamos extender esta lección para cualquier tipo de
relación, entre marido y mujer, entre padre e hijos, entre hermanos,
entre colegas, con amigos y también en el ambiente profesional.
Entonces hijo, esfuérzate para ser siempre tolerante, principalmente
con quien dedica su precioso tiempo de vida a ti y al prójimo.

Las personas se olvidarán de lo que le hagas, o de lo que le digas.
Pero nunca se olvidarán el modo en el cual las hiciste sentir.

Autor desconocido