
24 julio 2010
Pasajeros a Indias

Por un lado hacía falta gente para repoblar las nuevas tierras, pero ello suponía una sangría para la no muy numerosa población española.
Los preparativos del viaje se prolongaban durante varios meses y exigían unos emolumentos que muy pocos podían afrontar. De ahí el predominio entre los pasajeros de los hijosdalgo. Otra forma de embarcarse era pasar como criado o paje de algún dignatario al que servían durante el viaje y por algún tiempo variable una vez en Indias.
La tripulación de los barcos estaba compuesta por 30 hombres para los barcos de 100 a 130 toneladas, 48 para los que oscilaban entre 170 y 220 y 61 para los barcos de 220 a 320 tl. En el Archivo General de Indias se conservan unas listas, donde se reflejan las raciones diarias y los precios de los productos. Entre las provisiones se menciona la galleta, vino, cerdo y pescado salado; vaca acecinada, habas y arroz. También llevaban queso, aceite, vinagre, ajos y agua en toneles. En una parte del barco se encontraban los llamados corrales, donde se llevaban vacas, cerdos, corderos y gallinas que eran embarcados en Sevilla o Sanlúcar. A este transporte, según la información obtenida, se debe la rápida introducción en Indias de animales domésticos que no existían antes del Descubrimiento. Según el historiador e hispanista francés, Pierre Chaunu, desde 1536 a 1620, en México los rebaños bovinos pasaron de 15000 cabezas a un millón y los caprinos, de medio millón a ocho millones.
El matalotaje incluía además de los víveres, los cacharos necesarios para guardar y cocinar los alimentos y las mantas y ropas de dormir. Chaunu calcula un peso de 800 a 900 kg por cada pasajero, donde se llevaba lo necesario para una travesía de 2 ó 3 meses.
Fray Antonio de Guevara, el confesor del Emperador previene a los viajeros de los agentes de aduanas “que le registrarán y abusarán de él”.
"Es saludable consejo que antes que se embarque haga alguna ropa de vestir que sea recia y aforrada, más provechosa que vistosa, con que sin lástima se pueda asentar en crujía, echar en las ballesteras, arrimarse en popa, salir a tierra, defenderse del calor, ampararse del agua y aun para tener para la noche por cama; porque las vestiduras en galera más han de ser para abrigar que no para honrar. Es saludable consejo que el curioso o delicado pasajero se provea de algún colchoncillo terciado, de una sábana doblada, de una manta pequeña y no más de una almohada; que pensar nadie de llevar a la galera cama grande y entera sería dar a unos que mofar y a otros que reír, porque de día no hay a donde la guardar y mucho menos de noche donde la tender."
El hacinamiento, la estrechez en que se desarrollaba la vida diaria y las malas condiciones higiénicas que imperaban a bordo, hacían insufrible el viaje, pero podía más la llamada de lo desconocido y acaso el hallazgo de una vida mejor. En las próximas entregas me detengo en los pasajeros naturales de Liébana y Pernía.
Etiquetas:
Antropología,
Historia
















6 comentarios:
Savo excepciones (quien hace la ley...) importaba no tanto ser hidalgo (muchos de esta condición estaban, en España, a dos velas), como cristiano viejo para recibir cargo o tierras en Indias.
Lo que tiene chiste es lo de "repoblar". Diezmada, según zonas, o anulada la población indígena, pronto se cayó en la cuenta de que en África había mucha gente...
Juan Carlos, además de tus apreciaciones, que valoro y estimo, hay que señalar que con el tiempo, como sucede siempre en todas partes, la citada casa de la Contratación se vio aquejada por la ineficacia, lentitud y venalidad de los funcionarios, hasta sumergirse en un verdadero caos de compras y ventas, de intereses creados... La insaciable voracidad de Hacienda condujo a proveer más oficios de los que eran necesarios, apareciendo los "jueces supernumerarios", que habían de aguardar para ocupar su destino a que quedara vacante su puesto.
Y todo esto lo explica con mucho detalle José María González-Cotera cuya edición a través de internet se licencia bajo “Creative Commons”, que concede los derechos de la misma a quienes como este humilde servidor, llegan a sus puertas y desean difundirla de manera altruísta.
José María se sumerge en el Archivo General de Indias, sito en Sevilla, para descubrir y argumentar sobre los pasajeros que salieron del valle de Liébana desde 1503 a 1790. El autor decide incorporar en la investigación apellidos que pueden alcanzar a las zonas limítrofes, como Cervera y Pernía.
Esto, querido Froilán, me da pie a resaltar algo muy curioso que da idea de la diferencia con la que España acometió, con respecto a Inglaterra, la colonización. España no permitía que cruzaran el charco delincuentes ni gente de mal vivir para que la colonización de aquellas tierras fuera ejemplar. En cambio, Inglaterra enviaba a Australia a los delicuentes hasta el punto de que fue una isla-prisión. No voy a extraer la conclusión facilona de que los australianos son los descendientes de la hez británica (como podría suponerse) porque muchos de los deportados no eran delincuentes, sino disidentes. Y lo mismo sucedía con España, que los criterios de gente decente que se tenían entonces eran más que discutibles, y si no que se lo pregunten a los judíos o a los luteranos.
Muy.. muy interesante el posrt como los comentarios, gracias chicos un placer pasar a veros... un abrazote para cada uno... jjeje
Cuanta historia veo últimamente en los blogs, estoy aprendiendo mas estos días que los últimos años de clase!
un saludico!
Sin abusar para que nadie se aburra y otros compañeros puedan ir exponiendo sus historias también interesantes, y como parece que os ha gustado, volveré en septiembre con otro capítulo interesante de estos viajes.
José María relata cómo, al sumergirse en la ingente información de este imponente Archivo, se asombra de la naturalidad con la que allí se daba cuenta de viajes que aún hoy produce vértigo proyectarles y en cuya aventura andaban ya implicados un buen número de cántabros. Al margen de las vicisitudes por las que muchos atravesaron, aquello implicaba heroicidad, deseos de viajar a un mundo extraño, avalado por los relatos de los primeros conquistadores, lo que nos ha llegado a través del cine por la leyenda de “El Dorado”, sin olvidar, naturalmente, la oportunidad que aquello suponía para muchos funcionarios civiles y eclesiásticos, que buscaban un puesto en la gobernación de aquellos territorios o un lugar en las diócesis que se iban construyendo...
Pero, lo dicho, volveremos con otro relato ambientado en esto mismo.
Paco,Balovega, Neko, gracias por vuestra lectura y comentarios.
Saludos
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