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30 abril 2010

Reflexiones románicas








A mi, que no entiendo de arte, me fascina que alguien deduzca tanta profundidad y sentimiento en el entorno donde se enclavan estas naves. Hasta me siento transportado a otras épocas donde los especialistas dedicaban una vida entera a imprimir dibujos en las piedras. Deduzco que la montaña, al decir de quienes pintan ese sentimiento en el románico, es un lugar al que sólo le falta gente que la entienda y que quiera vivirla. Hay quienes se atreven a descifrar en una escena el miedo que soportaban los habitantes de aquel tiempo, o los castigos que temían; de qué modo, basándose en la cualificación intelectual de las personas, su grado de visión o lectura les ayuda a penetrar en la intimidad de los símbolos.

Y a lo mejor, pienso yo que, debido a ese modo tan profundo de interpretar el arte, no vieron o no quisieron ver a los moradores que viviendo a la sombra de tan esbeltos muebles parecen condenados a extinguirse en silencio.

Nuestros antepasados, que eran inteligentes —pues han sabido emocionar como nadie a estos cultísimos—, ya debieron deducir que su trabajo dejaría boquiabiertos a muchos visitantes y sería una balsa de oxígeno para quienes abrieran una casa de turismo rural en las inmediaciones.

Aunque me parece más coherente y apunto la respuesta que ofrece Peridis: tratar el Patrimonio, ponerlo en valor, comunicarlo, que nazcan artesanos que lo valoren y lo restauren y que todo gire alrededor con la premisa de repoblar estos lugares.

Seguro que esa restauración no dura siempre, pero si estamos hablando de un románico tan especial y rico, si toda la montaña palentina está llena de templos que necesitan revisión y cuidado, tendremos que insistir en ese camino y, puesto que las piedras nos hablan con tanta vehemencia y claridad, tendremos que aprender su lenguaje para que pueda servirle de acicate a las generaciones venideras.

De la sección "Vuelta a los Orígenes"
Imagen: Monasterio Sta María la Real, de Aguilar de Campóo, Froilán

2 comentarios:

LAS RUINAS DE ISENGARD dijo...

Me enorgullece inaugurar los comentarios a esta entrada (que sin duda pasarán de 130), fundamentalmente para decir que hace tres años pasé dos horas y media (de reloj) contemplando por dentro y por fuera S. Martín de Frómista, para mi LA joya del románico español. Desde entonces, siempre que paso cerca me desvío y paro un rato ante esos muros, aunque esté cerrada. Es extraño el efecto que esa iglesia produce en un agnóstico como yo, pero la verdad es que debo reconocer que su visión me reconcilia en parte con esta humanidad lanar de la que formamos parte.

Froilán De Lózar dijo...

Subscribo todo lo que afirmas y que va en sintonía con las palabras de la entrada. Probablemente en aquellos tiempos, cuando se levantaron, existieran, como no, personas agnósticas como nosotros, que obligados por el sistema a acudir a los oficios, se consolasen valorando el arte que salía de aquellas manos.

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