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14 junio 2009

Las historias del agüelo: la derecha y la corrupción (Tercera y última Parte)

Especial relevancia tiene el caso de Pilar Miró, que hubo de dimitir como directora general de RTVE por la compra, con cargo al Entre, de unos trajes que ella consideraba que eran de representación. El diputado del PP Luis Ramallo (que después salió también de mala forma, involucrado en el caso Gescartera, aunque fue absuelto) fue especialmente beligerante con ella y logró que al final se marchara y devolviera el dinero. Unos 24.000 euros, al cambio. También fue absuelta.

¿No guarda el caso gran similitud con el proceso a Francisco Camps, presidente de la Comunidad Valenciana, por el caso Gürtel y la extraña forma de adquirir vestimenta?

¿Ha dimitido Camps? No. Al contrario se aferra al poder, como su vecino del norte, el presidente de la diputación Carlos Fabra, con numerosos casos abiertos.

¿Recuerdan a Juan Hormaechea? Fue presidente de la comunidad de Cantabria. Ganó las elecciones como independiente en las listas de AP. Se vio envuelto en procesos de corrupción y lo echaron por una moción de censura conjunta de AP y PSOE. Entonces creó su propio partido y ganó los siguientes comicios. El PP lo apoyó de nuevo aplicando el dicho “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, aunque sea corrupto, a pesar de que Javier Arenas Bocanegra, a la sazón secretario general de los conservadores, había jurado y perjurado que nunca lo apoyarían. Al final Hormaechea tuvo que largarse al ser inhabilitado por sentencia judicial.

Pocos recordarán al alcalde de Burgos José María Peña San Martín, del PP, condenado por prevaricación en el llamado Caso de la Construcción. Hubo que sacarlo del sillón con una sentencia judicial porque no se iba.

¿Y el alcalde de Boadilla del Monte Arturo González Panero? Imputado en el caso Gürtel dejó la alcaldía tras las presiones del partido, pero ahí sigue como concejal y nadie de la derecha le pide que se vaya de una vez a pesar de que le ha sido impuesta una fianza de 1,8 millones de euros, la más alta por el momento en este escándalo de presuntas comisiones, prevacaricación y cohecho.

Ante estos casos, ¿cómo reacciona la derecha? Los aludidos, aferrándose al cargo para hacer valer su condición de aforados; los dirigentes del partido, acusando al PSOE de utilizar la justicia como instrumento político (falso porque las denuncias salen del seno del PP) y los ciudadanos afines, manifestándose a favor del presunto.

Alguien me podrá decir, con razón, que hay una moralidad pública y social común a toda la sociedad, que vale para los que son de izquierdas y de derechas e incluso para los apolíticos (esos entes que no existen). Y yo contesto: había, hijo, había. Había una moralidad pero dejó de aplicarse desde el momento en que ser un delincuente supuso un plus para salir en la tele, ganar dinero y notoriedad. ¿Recuerdan al Dioni? ¿Y a David Flores, novio de Rociíto? ¿Y al novio o ya ex de la Pantoja, Julián Muñoz? Y a tantos otros cuyo único mérito para aparecer en el papel couché fue quebrar esas reglas de moralidad social.

Ya ni siquiera el Cídigo Penal sirve de referencia de comportamiento.

En resumen, y por no alargar más este post: la corrupción no pasa factura a la derecha porque forma parte de su misma esencia. Se asume y se tolera. Pero por si hubiera dudas, cuando surgen casos llamativos se hace creer a la gente que en realidad son víctimas de conjuras políticas desde la izquierda, incluso desde la judicatura, como ahora en el caso Gürtel. Se sataniza al juez Baltasar Garzón (antes aliado porque perseguía a Felipe González por los GAL) y a cualquier otro juez o magistrado que les abra proceso (la inmensa mayoría de la judicatura es conservadora como demuestra la afiliación a las diversas asociaciones)

Especialmente significativos son los casos del 11-M y el Yakolev, en los que para eludir sus responsabilidades, el PP fue capaz de acusar a dos colectivos tradicionalmente alineados con la derecha: la Guardia Civil, de la que se insinuó que podría tener connivencia en el atentado, y al Ejército, a cuyos muertos en el accidente del Yak-42 se trató como a perros y después, durante el proceso judicial, se abandonó a los mandos acusados y se dio la callada por respuesta.

Lo métodos usados por la derecha en todos estos casos son claramente mafiosos: o estás conmigo o contra mí.

Conocido este comportamiento amoral tanto de los políticos como de sus votantes a nadie debe extrañar que en las elecciones, ya sean Europeas, como en el caso reciente, o Generales o Locales, la corrupción no pase factura nunca a los candidatos corruptos de la derecha. Se les tolera y a veces hasta se le ríen las gracias, como sucedió durante muchos años con Jesús Gil, personaje que fue un claro exponente de la derecha ultramontana, comparable a Hormaechea o Fabra.

Esta es, en el fondo, una de las razones del bipartidismo, pero esa es otra historia del agüelo.

5 comentarios:

Arca Perdida dijo...

Aguelo, lo cierto es que me ha gustado su exposición, aunque sea un poco larga. No pega usted un palo al aire. Y los palos bien argumentados. No faltará quien piense lo contrario, pero desde luego aqui tiene ya un admirador y compañero de camino.

Agüelo Dámaso dijo...

Hijo, cada cual que piense lo que quiera y que lo diga como hago yo. Ve con Dios

Juan Carlos López dijo...

Pues ya casi alcanzo el don de la ebriedad, pero sin probar ni gota.

Joan Manuel Serrat, en una de sus canciones de, digamos, la última época, hablaba de los "macarras de la moral". No sé por qué, pero me hago la imagen de uno de estos con media melena, camisas de rayas con cuello blanco y pulseritas seudo-jipis. Con o sin bigote.

No es hora de remontarse en pormenor, pues bastante ha dicho usted ya, agüelo, a las fuentes o, mejor, a la escuela de la derecha a este respecto. Baste recordar la importancia que adquirió don Juan March en el presupuesto de las tropas alzadas, perdón, "nacionales".

Si hablamos de la otra cara de la moneda, aunque sinvergüenzas hay en todas partes, creo necesario considerar como hipótesis posible y plausible que el poder corrompe. Quizá a unos más que a otros.

Cuidado con la bota, agúelo, y con los gorrinos, sobre todo si vuelan.

Kir dijo...

^^ Me ha encantado ^^

Desgracidamente, estoy con Juan Carlos: el poder corrompe y en todas partes cuecen habas.

Aún así creo que después de leer esto he salido un poco más roja de lo que soy :D

[Lo malo va a ser la resaca...

Agüelo Dámaso dijo...

El poder corrompe pero a unos más que a otros. En cualquier caso, cuando corrompe a uno de derechas, el corrompido no tiene sensación de serlo y por eso es feliz con su corrupción, lo mismo que sus votantes con él y yo con mis gorrinos.

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